El primer perro de rescate: El San Bernardo.

Esta semana he estado en un evento canino realizado en mi ciudad, Córdoba, en el que se han hecho exhibiciones de agility, peluquería canina, se ha hablado sobre maltrato animal por parte de una protectora y se han vendido consumibles para nuestros amigos de cuatro patas. Pero, una de las intervenciones que han dado pie a este post ha sido la unidad canina de bomberos, encargada de rastrear y encontrar con vida a personas en catástrofes naturales.

Rastreando, nunca mejor dicho, he dado con el primer perro utilizado en unidades de rescate, y simplemente nos remontamos a un par de siglos atrás, muy poquito, la verdad. Creo que ya lo conocéis, el San Bernardo. ¿Pero conocéis el origen? Os lo contamos.
A 2473 m. de altitud en la vertiente sur de los Alpes entre el valle italiano de Aosta y el del Alto Ródano en Suiza, existía un puerto de montaña conocido desde la prehistoria. Su orientación Norte-Sur le expone al frío viento con velocidades superiores a los 100 Km./hora, temperaturas muy bajas y nevadas muy abundantes. Fue en este sitio, alrededor del 950, cuando se erigió el monasterio fundado Bernardo de Menthon, diacono de Aosta, y en el que se creó un Hospicio en el que viajeros, peregrinos y soldados se refugiaban de las gélidas temperaturas y nevadas durante su viaje entre el paso fronterizo.

San Bernardos con el Hospicio a sus espaldas

Como ya hablamos en un post anterior, el San Bernardo así como el Mastín y otros descienden de los grandes Molosos de época antigua, y probablemente los primeros que llegaron al Hospicio fue entre los años 1660 y 1670, ya que se tiene una representación pictográfica de un San Bernardo del 1690.
 La primera referencia escrita de uno de los canes lo hace el prior del monasterio, Ballalu, en 1703, que menciona cómo su cocinero había construido una rueda de ejercicio para uno de los perros para que pudiera ejercitarse mientras él estaba cocinando.

Los perros del Hospicio son descritos como unos perros de gran tamaño pero probablemente considerados pequeños en comparación con las tallas de los actuales, de pelaje corto o largo pero del inconfundible color rojo-amarronado y blanco.
Los archivos del monasterio no mencionan la primera vez que se utilizaron los San Bernardo para los rescates en el puerto pero en 1707 se tiene una anotación en la que refleja la pérdida de uno de los perros en una avalancha.
A principios del s. XVIII los marroniers, que eran los guías encargados de acompañar a las personas entre el Hospicio y Bourg-Saint-Pierre, empezaron a acompañarse de los San Bernardos por su gran sentido de la orientación y por su misteriosa habilidad para maniobrar a través de la espesa niebla y las tormentas de nieve.
Durante 200 años los perros sirvieron para ayudar a unas 2000 personas a ser rescatadas llegando incluso a guiar a Napoleón cuando traspasó el estrecho allá por el 1800. Junto a los cerca de 250.000 soldados que lo acompañaron fueron guiados sin extraviarse o perecer alguno gracias a la gran organización de los monjes y los perros.
El último rescate documentado fue en 1897 cuando un niño de 12 años quedó atrapado en el hielo y fue encontrado y despertado por uno de los perros.

El más famoso de los canes fue Barry, un ejemplar avispado e inteligente que parecía tener un sexto sentido para localizar a los viajantes. Se cuenta que localizó y rescató a cerca de 40 personas y que guiado por ese “olfato” no esperaba a que ningún monje le siguiera para vagar solo en busca de la persona necesitada. Así es tanto que se convirtió en leyenda al extenderse la creencia de que salvó a un niño pequeño transportándolo en su lomo hasta el Hospicio.

Grabado en el que se muestra a Barry transportando al niño en su lomo

Este episodio, maquillado sobremanera, no ha deslucido en ningún momento las hazañas y heroicidades de este can. En su último rescate, un soldado que atravesaba el paso lo confundió con un lobo y lo acuchilló gravemente, no sin separarse de él para calentarle aunque hubiera tenido tal fin. Los monjes lo encontraron casi muerto y lo trasladaron rápidamente al Hospicio donde recibió numerosos cuidados y logró sobrevivir, pero, ya no fue el perro de antaño. El prior lo mandó a Berna y vivió dos años más muriendo en 1812 (otros dicen que 1814) entorno a los 14 años de edad. A sabiendas de su gran fama su cuerpo fue donado al Museo de Historia Natural de Berna en el que se disecó y en el que está expuesto hoy día. Por esta razón nunca falta en el Hospicio San Bernardo llamado Barry en honor al primigenio.

En su recuerdo se alza hoy en el cementerio de animales de Asnière, París, un monumento a Barry en el que se puede leer “Salvó la vida a 40 personas. Fue muerto por la 41º

Fuentes:

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