Perros célebres de personas ilustres de la Antigua Grecia.

Como en casi todas las sociedades y culturas antiguas, en Grecia,  el perro fue utilizado como animal de compañía, para la caza y para la guerra (ya os hablé de los molosos, que también tuvieron un papel importante en Grecia).

Rhyton para beber en ceremonias rituales (600-550 a. C.)

Homero (circa VIII a. C.) fue el primero en hacer mención del perro en la literatura y fue con Argos, el perro de Ulises. Homero nos cuenta el retorno de Odiseo a su bella isla de Ítaca. tenía el aspecto de un vagabundo pues llevaba 20 años vagando por el Mar Mediterráneo y el primero que le reconoció fue su perro. Ya en esa época se describía la fidelidad, amabilidad y devoción que todo perro posee.

Jenofonte, filósofo e historiador militar, en el s. V d. C. fue el primer tratadista que escribió tres libros sobre los animales en la guerra, en especial en la guerra contra Persia. Le regalaron un perro de raza galgo cuyo nombre era Hipocentauro y que era un gran cazador de liebres. Aconsejaba, no obstante, que cualquiera que quisiera cazar liebres o jabalíes utilizara los galgos celtas traídos a Asia Menor por sus tribus pues eran los más idóneos para ello.

Escena de cacería a un jabalí con perros.

Ésta raza, el galgo, fue una de las razas más estimadas en esta cultura. Aprendieron de Egipto a tenerlos en gran estima y para los griegos tener un perro de esta raza era símbolo de pertenecer a una sociedad civilizada. El can es representado en infinidad de pinturas, frescos, piezas de cerámica por su físico estilizado y por su estatus. El Historiador Herodoto dijo que los galgos persas del rey Jerjes eran tantos que no se acertaba a contar su número.

Grandes personalidades tuvieron con ellos a un perro, Hipocrates o Aristoteles, por ejemplo. Diógenes no salía sin él y cuando el filósofo murió, se dispuso en su tumba un pilar con una estatua de su fiel amigo. Ésta fue una práctica habitual en Grecia, se solía poner en la tumba una imagen con un can pues era considerado un guiador de almas hacia el más allá.

Diogenes de Jean Léon Gerome (1860)

Alejandro Magno también tuvo un perro de renombre, Peritas, probablemente también un can de raza galgo, que lo acompañó en grandes batallas. En la de Gaugamela, en la que luchaba contra Darío III el persa, se dice que Peritas luchó contra un elefante con tal mala fortuna que murió durante el ataque. El Magno le rindió honores preparándole un funeral y erigiendo una ciudad en India en su nombre, además de erigir una estatua en la plaza principal de la ciudad.

Pitágoras, el filósofo y matemático, que murió a finales del s. V d. C. aducía que si un perro era puesto cerca de la boca de una persona que estaba muriendo el alma de la misma pasaba directamente al can, pues es el único animal que puede transmutar las virtudes del alma de la persona fallecida. Pitágoras solía decir que había reconocido las voces de algún amigo en los cachorros de algún perro.

Se dice que la ciudad de Corinto fue atacada una noche y defendida por sus cincuenta perros de guardia. Murieron todos menos uno, Soter, que por su bravura recibió una pensión vitalicia y en su collar se podía leer: “A Soter, defensor y salvador de Corinto, un lugar de protección de los amigos”.

Sin duda, ellos han sido, son y serán los primeros en arriesgar su vida por nosotros.

Fuentes:

– Branigan, A. Cynthia (2004) “The reign of the Greyhound”.Ed.  Howell Book House.

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