Niebla, el recuerdo de Rafael Alberti.

Rafael Alberti 1Quizá porque se ha instaurado el Otoño o porque hoy estoy más melancólica de lo normal os traigo la historia y versos de Niebla, la perra del poeta gaditano Rafael Alberti (1902-1999). Y el caso es que intentando recopilar sobre otro gran poeta Federico García Lorca…una cosa me llevó a la otra. Creedme si os digo que he mantenido un nudo en la garganta durante todo el escrito…

Una noche gélida y brumosa, Pablo Neruda, otro genio que por aquel entonces vivía por aquel entonces en España encontró a una perra que tenía la pata lastimada. La recogió y la ayudó a recuperarse. Era una ovejera irlandesa que antaño, y  debido a la contienda que pronto acaecería en España tuvo que ganarse la vida en la calle.

Neruda, que tuvo que partir del país, dejó a Niebla a cargo de su amigo Rafael para que la cuidara y terminara de recuperarla. Muy a menudo hablaba de su niñez en Santa María de Cádiz con Centella, el can que tuvieron que abandonar cuando se trasladaron a Madrid y que para le marcó de por vida.

PabloNeruda-UnperrohamuertoFuerte en sus convicciones Alberti luchó contra Franco y en poco tiempo se vio planificando un viaje a París exiliando de su país, esta vez Niebla no correría la misma “suerte” que Centella. Cuando preparaban la hora de viajar a tierras francesas Niebla, la pareja de Alberti, Maria Teresa León y otros familiares suyos se encontraban en una finca en Castellón de la Plana esperando el momento de partir; pero una huida apresurada hizo que un camión parase en mitad de aquel paraje y dejase a la perra atrás, extenuada de querer alcanzar la libertad.

Alberti la lloró y como trágica ironía decía que su perra siguió el mismo camino que miles de revolucionarios…

A Niebla, mi perro

“Niebla”, tu no comprendes: lo cantan tus orejas,
el tabaco inocente, tonto de tu mirada,
los largos resplandores que por el monte dejas
al saltar, rayo tierno de brizna despeinada.

Mira esos perros turbios, huérfanos, reservados,
que de improviso surgen de las rotas neblinas
arrastrar en sus tímidos pasos desorientados
todo el terror reciente de su casa en ruinas.

A pesar de esos coches fugaces, sin cortejo,
que transportan la muerte en un cajón desnudo,
de ese niño que observa lo mismo que un festejo
la batalla en el aire, que asesinarle pudo.

A pesar del mejor compañero perdido,
de mi más tristísima familia que no entiende
lo que yo más quisiera que hubiera comprendido,
y a pesar del amigo que deserta y nos vende.

“Niebla”, mi camarada,
aunque tu no lo sabes, nos queda todavía,
en medio de esta heróica pena bombardeada,
la fe, que es alegría, alegría, alegría.

 

  • Fuente e imágenes:

 

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