Y tú ¿Qué lees?

galgo, Literatura, Perrilectura, Razas, textos

Esta semana os traigo dos libro que debéis conocer y que son totalmente solidarios, tanto por lo que cuentan como para el fin en el que fueron concebidos. Además de ser unos libros para todas las edades llevan consigo unas ilustraciones magníficas que narran la histora.

Uno de ellos es Galgui y el otro El silencioso amigo del viento.

El primero de ellos, escrito por María José Rodriguez Gómez e ilustrado por Andrés Arcos Corretjé, narra la historia basada en hechos reales de un galgo llamado Indy. La autora rescató con cuatro días a este cachorro y estuvo amenizando su vida durante 2 años hasta que pudo adoptarlo una familia definitiva. Galgui no solamente habla de él, si no que es extrapolable a cualquier galgo/perro que no quiere vivir en la calle y desea una segunda oportunidad. Diego es, junto a Galgui el protagonista que ayuda a encontrarle un segundo

El libro pudo salir adelante gracias a un proyecto de crowdfunding a través de Verkami y el 20% de la venta del libro va donado a diferentes protectoras a las que se quiere ayudar.

Si queréis adquirir el libro podéis mandar un correo a la autora  hola@mariajoserodriguezescritora.com o visitar la página web donde se especifican las tiendas colaboradoras www.galgui.es 

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El silencioso amigo del viento es un cuento escrito por Lisi González e ilustrado por Rafael Jaramillo. En él se cuenta la historia de un galgo negro nacido para correr detrás de las liebres. Sus imágenes en blanco y negro y su téxto poético lo hacen extremadamente bello. A través de sus páginas conoceremos sus sueños, miedos, su vida… Al igual que Galgui podemos creer en la vida de cualquiera de los animales abandonados a su suerte en el mundo.

La financiación del libro se pudo realizar también mediante crowdfunding a través de Verkami y lo podéis adquirir a través del correo de la autora lisienator@gmail.com o podéis encontrar el listado de las tiendas físicas en la web. Durante el micromecenazgo se donó el 50% de lo recaudado a SOS Galgos y así contribuir con la grave situación de este bello animal.

¿Y a vosotros qué libro os gustaría adoptar?

 

Y Julio Romero de Torres pintó a Pacheco

Córdoba, galgo, pintor

Los pintores nunca van solos, siempre son acompañados por un ángel, y del que os voy a hablar tiene nombre de bandolero: Pacheco.

Esta historia está ambientada en los inicios del siglo XX en Porcuna (Jaén) y como protagonista inicial el pintor Julio Romero de Torres, pintor cordobés del que he quedado prendada enormemente. Si tenéis ocasión de viajar a ésta, mi ciudad de adopción os recomiendo encarecidamente que visitéis su Museo. Su pintura es una oda a la mujer, a la feminidad, a la seducción y a los ojos negros de la mujer cordobesa, pura belleza.
En 1903, terminada la obra de fábrica del Templo Parroquial de Porcuna el contratista propone para su decoración a Julio Romero de Torres, es entonces cuando el artista trabaría amistad con el industrial y propietario José Julián Gallo García de Linares quedándose en su casa de forma intermitente en su casa entre 1903 y 1905 para realizar el encargo. En 1922 Julio volvería a la ciudad jienense como un pintor ya consolidado para transmitir a la familia de José Julián el pésame por la perdida de uno de sus miembros.
Pacheco y Mariquilla
Es en ese momento cuando le regalan o él mismo arrebata de la perrera de su amigo a un joven galgo de negra cobertura y que se convirtió en su fiel compañero. Una vez en Madrid, en el estudio del afamado pintor, fue bautizado como Pacheco en memoria del bandolero del mismo nombre, asesinado durante La Gloriosa (1). Desde entonces Pacheco estará unido a la vida del pintor sin pasar desapercibido por los artistas, poetas y actores que pasaron por el estudio de Romero de Torres y así lo plasmaba el poeta Alfonso Camin:

“Los dos iban juntos por entre la noche de Madrid a la caza de silencios maduros, de estrellas frías y de lunas nuevas”

Se dice que Pacheco gustaba de dormir la siesta repanchingado en un diván o junto a un brasero de picón mientras el pintor transformaba su arte en forma de cuadros. 
En 1924 Romero de Torres pintaba “Cante Jondo” composición en el que el amor y la muerte, dos sentimientos antagonistas son coronados por el bello y estilizado Pacheco. También del mismo año está datada la obra “Diana Cazadora” donde, de nuevo, Pacheco comparte protagonista con la actriz Marichu Begoña, además de ser el único tema de toda su obra pictórica dedicada a la mitología.
Cante Jondo
Estos cuadros siempre fueron propiedad de Julio Romero pues nunca quiso desprenderse de ellos, y pasaron a ser propiedad del fondo del Museo que se erigiría en 1931, un año después de la muerte del pintor. 
Diana cazadora
Durante el velatorio del pintor Pacheco se pasó toda la noche aullando lastimeramente al lado del cadáver del que fuera su fiel compañero y amigo. Él y Mariquilla, asistente del pintor durante muchos años en Madrid, se trasladaron a Córdoba para vivir con la familia Romero de Torres. Allí se apagaría poco a poco la llama de Pacheco hasta desaparecer completamente en 1933, tres años después que Julio.

“Este Pacheco, ha muerto ahora.

 Y ha muerto en Mayo y en Córdoba.

La voz de lógica y de la razón dirá que

murió de enfermedad, de vejez. Pero

lo cierto es que murió de pena” 

                                                           Antonio Dubois,
                                                           redactor jefe del diario madrileño La Libertad.

(1) Levantamiento revolucionario español que tuvo lugar en Septiembre de 1868 y supuso el destronamiento de Isabel II.

Deseo agradecer encarecidamente a Alberto Gay Heredia director y redactor del blog  “de Castro ero” por permitirme reproducir su artículo “Un hijo ilustre de Porcuna: Pacheco (1921-1933).

Fuentes:

– http://decastroero.blogspot.com.es/2011/03/un-hijo-ilustre-de-porcuna-el-galgo.html

– http://peresident.wordpress.com/2010/07

– http://bulneswaves.blogspot.com.es/2011/10/galgos-pictoricos.html

El galgo en la Roma antigua.

galgo, Grandes civilizaciones, Roma

El Imperio Romano construyó un Imperio de crueldad y espectáculo entorno a los animales, de eso no hay duda y los mosaicos y pinturas lo atestiguan, pero también fueron los primeros en tener “mascotas” como tal prestandoles todo tipo de cuidados caninos.

Escultura encontrada en el sur de Roma. (British Museum)

El galgo fue para la cultura romana un aclamado cazador y acompañante de la sociedad aristocrática siguiendo la tradición adquirida de Egipto. En toda domus romana no faltaba un perro pues daba estatus y posición por su figura estilizada.

El amor de los ciudadanos romanos por tener un perro en casa hizo que se buscara la raza de perro más pequeña, y hasta Julio César se llegó a preguntar si las damas romanas habían renunciado a tener hijos en favor de estos canes domésticos.
Una de las razas más populares de esta toymanía fue el lebrel italiano, eran bañados,pelados y perfumados y descansaban sobre cojines de seda.

Otro de los lebreles apreciados en la antigua Roma fue el galgo irlandés. Las evidencias muestran que los Celtas llevaron a estos perros a Grecia en el 273 d. C pero no tuvieron el éxito esperado pues les pareció un perro raro. En el 391 d. C, el hermano del cónsul Quinto Aurelio Simmaco le regaló a este siete gentiles gigantes como presente desde la Galia. Los historiadores indican que era grande como un burro y que el mastín no era rival para el fervor del galgo irlandés.

La caza de Diana de Rubens (ss. XVI-XVII)

Siempre se les ha venerado por su rapidez en la caza, pero los romanos no fueron los primeros en utilizarlos en las carreras,pues era una actividad extremadamente popular entre los celtas del noroeste de Roma y los etruscos del norte;no obstante sí fueron los primeros en apostar dinero en el “juego”.
Tradicionalmente se colocaban dos galgos en un área donde soltaban una liebre para cazarla. A veces no conseguían asirla por lo que se consideraba el vencedor el que más veloz había sido.

El amor por los perros quedó plasmado por varios autores y poetas romanos como Plinio el viejo; en su Historia Natural narraba el afecto que se profesaba a estos animales de cuatro patas. Propercio, el famoso poeta que cantaba sobre el amor escribió también sobre los perros en su poema “Cintia en la granja” donde versaba sobre la importancia del lebrel en la ciudad y en la vida rural. El poeta escribía que el entrenamiento y tenencia de estos bellos y estilizados perros no era trabajo exclusivamente de los hombres, de ahí que le cante a Cintia.

Por otro lado singulares son los mosaicos que han perdurado hasta nuestros días en la entrada de las casas y villas romanas en el que se recibía al visitante con un “Cave canem”  realizado con las maravillosas teselas dando la imagen de un perro. Con esta obra de arte se avisaba al que entraba que tuviera cuidado con el can.

Mosaico proveniente de una domus en Pempeya

Los romanos fueron acompañados por sus perros en sus campañas y probaban su valor como protectores en el campo de batalla como en las propiedades privadas, pero en ellos tuvo un lugar privilegiado el lebrel.
Si antaño tuvieron un estatus y categoría elevadas, devolvámosle su posición hoy día, no más sufrimiento para este bello animal.

Fuentes:

– Branigan, Cynthia A. (2004) “The Reign of the greyhound” Ed. Howell Book House.

– http://www.constellationsofwords.com/Constellations/CanesVenatici.html

– http://pintura.aut.org/SearchProducto?Produnum=15803